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Febrero 24, 2026Autismo: comprender para acompañar
Durante mucho tiempo, el autismo fue entendido desde la diferencia. Hoy sabemos que es más adecuado comprenderlo desde la diversidad.
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) no es una enfermedad que “se cure”, sino una condición del neurodesarrollo que forma parte de la manera en que una persona percibe, procesa y responde al mundo.
Comprender esto cambia completamente la forma en que acompañamos.
¿Qué significa que sea un “espectro”?
Se habla de espectro porque no existe una única forma de autismo.
Cada persona puede presentar características distintas en intensidad y combinación. Algunas pueden necesitar apoyos significativos en su vida diaria; otras pueden desarrollarse de manera autónoma con apoyos específicos en áreas sociales o sensoriales.
El diagnóstico no define a la persona. Solo ayuda a entender sus necesidades.
¿Cómo suele manifestarse?
Las características principales suelen agruparse en dos grandes áreas:
1. Comunicación e interacción social
- Dificultades para interpretar señales sociales.
- Diferencias en el contacto visual o en el uso del lenguaje.
- Preferencia por rutinas y previsibilidad.
2. Intereses y conductas repetitivas
- Intereses muy específicos o intensos.
- Necesidad de estructuras claras.
- Sensibilidad sensorial (ruidos, texturas, luces).
Es importante recordar que estas características pueden presentarse de maneras muy diversas.
Más allá de las etiquetas: fortalezas y desafíos
Hablar de autismo no es solo hablar de dificultades. Muchas personas dentro del espectro presentan:
- Pensamiento detallado y lógico.
- Alta capacidad de concentración en temas de interés.
- Honestidad y coherencia.
- Creatividad en áreas específicas.
Sin embargo, cuando el entorno no comprende estas diferencias, pueden aparecer ansiedad, frustración, aislamiento o baja autoestima.
Por eso el acompañamiento adecuado es fundamental.
¿Por qué es importante una evaluación profesional?
A veces surgen dudas:
- “¿Será solo timidez?”
- “¿Ya hablará más adelante?”
- “¿Es parte de su personalidad?”
Una evaluación profesional no busca etiquetar, sino comprender.
Un equipo especializado puede:
- Realizar una valoración integral del desarrollo.
- Diferenciar el autismo de otras condiciones.
- Identificar fortalezas y necesidades específicas.
- Orientar a la familia y al entorno escolar.
- Diseñar estrategias de apoyo personalizadas.
Mientras más temprano se detecten las necesidades, mejores serán las herramientas disponibles para el desarrollo emocional, social y académico.
Autismo en adolescentes y adultos
No todas las personas son diagnosticadas en la infancia.
En adolescentes y adultos, el diagnóstico puede traer alivio: permite entender experiencias pasadas, dificultades sociales persistentes o sensación de “no encajar”.
En estos casos, el acompañamiento psicológico puede ayudar a:
- Trabajar la autoestima.
- Desarrollar habilidades sociales.
- Manejar ansiedad asociada.
- Construir estrategias de adaptación saludables.
Acompañar es comprender
El mayor desafío no suele ser el autismo en sí, sino la falta de información y comprensión del entorno.
Con conocimiento, apoyo profesional y estrategias adecuadas, muchas personas dentro del espectro desarrollan su potencial de manera significativa.
Buscar orientación no es sobrediagnosticar. Es ofrecer herramientas.
¿Cuándo consultar?
Es recomendable consultar si:
- Existen dudas persistentes sobre el desarrollo.
- Hay dificultades marcadas en interacción social.
- Se observan patrones de conducta rígidos que generan malestar.
- La persona presenta ansiedad o frustración asociada a sus diferencias.
Una evaluación adecuada permite tomar decisiones informadas y brindar el apoyo necesario en cada etapa de la vida.




