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Febrero 24, 2026Autolesiones: cuando el dolor no encuentra palabras
Hay emociones que resultan difíciles de explicar. A veces no se pueden ordenar en palabras, no se logran expresar en una conversación y tampoco encuentran espacio en el entorno.
En algunas personas, especialmente durante la adolescencia, pero no exclusivamente, ese malestar termina manifestándose a través del cuerpo.
Las autolesiones no suelen ser un “capricho” ni una simple búsqueda de atención. Generalmente son una señal de que algo interno necesita ser comprendido.
Más allá de la conducta: ¿qué está ocurriendo?
Desde la psicología clínica, las autolesiones suelen entenderse como una forma de regulación emocional. Cuando la angustia, la rabia, la culpa o la sensación de vacío se vuelven intensas, algunas personas encuentran en el daño físico una forma momentánea de aliviar esa presión interna.
El alivio puede ser breve, pero real. Y ahí comienza un ciclo complejo:
dolor emocional → autolesión → alivio momentáneo → culpa o vergüenza → nuevo malestar.
Comprender este mecanismo es fundamental. No se trata de justificar la conducta, sino de entender qué función está cumpliendo.
Rompiendo mitos frecuentes
Existen muchas creencias que dificultan abordar el tema de manera adecuada:
- No siempre es un intento suicida.
- No es necesariamente manipulación.
- No es una “moda”.
- No es algo que se resuelva simplemente diciendo “deja de hacerlo”.
Reducirlo a una explicación superficial impide intervenir de forma efectiva. La autolesión suele ser un indicador de sufrimiento emocional que requiere atención.
¿Por qué es tan importante no minimizarlo?
Porque aunque la intención no sea quitarse la vida, el riesgo puede aumentar si el malestar subyacente no se aborda. Además, la repetición de la conducta puede intensificarse con el tiempo.
Cuando una persona se autolesiona, lo que realmente necesita no es juicio ni castigo, sino:
- Un espacio seguro para hablar.
- Validación emocional.
- Orientación profesional.
- Estrategias saludables de regulación emocional.
¿Por qué consultar con un profesional?
Buscar ayuda profesional no significa exagerar la situación. Significa tomarla en serio.
Un psicólogo o psiquiatra puede:
- Evaluar el nivel de riesgo.
- Identificar si existen trastornos asociados como depresión, ansiedad o trauma.
- Enseñar herramientas concretas de regulación emocional.
- Acompañar a la familia en cómo abordar la situación sin aumentar la culpa o la vergüenza.
- Prevenir la cronificación de la conducta.
Intervenir de manera temprana mejora significativamente el pronóstico. Muchas personas que reciben apoyo adecuado logran reemplazar la autolesión por estrategias más saludables para manejar sus emociones.
Una señal que puede transformarse
Las autolesiones no definen a una persona. Son una manifestación de algo que necesita ser atendido. Cuando el sufrimiento encuentra palabras, acompañamiento y herramientas adecuadas, deja de necesitar expresarse a través del cuerpo.
Si tú o alguien cercano está atravesando una situación así, la orientación profesional puede marcar una diferencia real.
Pedir ayuda no es un signo de debilidad, es una forma de cuidado.




